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lunes, 5 de enero de 2009


...Y de haber nacido en la tierra baja

pudo ser timón y volverse al mar.

Pudo ser rueda y ver mundo,

ser mango, cuna o altar.

Pudo ser ceniza y humoo

pudo, simplemente, no haber nacido

donde manda el roble, pero ahí nació

desafiando las reglas,consentida por el sol.

Más cerca de las estrellas.

De abrazarse al suelo,a pelear la tierra

con los aguaceros,de rellenar grietas

con bojes, tomillos y enebros,

de andar huyéndole al hachaque

el amo blande ligero...,nudos amargos

duelen en tus maderas,encina verde.

Que tus contornos te quieran,que te respete la muerte.

Que es bueno que cuando el haya enrojece

y los caminos mudan de color,entre esqueletos de robles,

salpiques con tu verdorlas palideces del bosque.